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Middara - Traducciones

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« Respuesta #15 en: Julio 07, 2019, 09:26:29 am »
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« Respuesta #16 en: Julio 14, 2019, 02:27:56 am »
Sabuesos de la Urdimbre
 
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Nyx sintió que en el momento en que aceptaron su oferta, toda la fuerza que tenía se desvaneció. Su conexión con Middara se debilitó, mientras que algo de lugares lejanos seguía a su alma hacia la realidad. Por un instante intemporal, ella vio a través del mundo el lugar de donde había venido este nuevo esper. Una maldita ladera volcánica, con lava sulfurosa erupcionando y deslizándose junto a ella.

Un rayo cayó sobre la colina que tenía delante, un único y terrible rayo que arrancó un pedazo de roca seca y la hizo saltar al aire en trozos irregulares. Se juntaron para formar un recipiente para el magma aún fundido de su interior, con una forma parecida a la de su cráneo, y otra parecida a alguna otra cosa. Ella le asintió al ojo, aceptando sus términos.


Entonces el momento se desvaneció, y ella aún estaba en la posada de Padric. La bruja avanzó hacia ella, sin tener más armas que el sinuoso músculo que componía su cuerpo. Sus dientes de púas brillaban a la luz de la luna saliendo de detrás de ella, y Nyx sabía exactamente cómo planeaba matarla ese monstruo.

El espacio tras ella se iluminó. El ojo apareció primero, su pupila oscura fijándose en Nyx a pesar de la figura de la bruja que se asomaba entre ellos.

"No tenía que doler", dijo la bruja. "Pero me aseguraré de que así sea, por Adriel. Tú no lo disfrutarás, pero yo sí".

Nyx sintió la fuerza mágica de Balaan inundándola, como un relámpago en su sangre. Con la ayuda de la criatura, Nyx obtuvo otro punto de origen para sus hechizos, uno que la bruja no esperaba. Nyx se sintió concentrada en la espalda de la bruja, y luego lanzó un disparo cruento más potente que nunca, con piedras del tamaño de su cabeza arrancadas del caparazón de la criatura, disparadas en un ángulo hacia abajo contra la bruja.

Atravesaron su carne medio podrida sin ni siquiera frenarse, destrozando el suelo de madera que la rodeaba en un gran agujero circular. Nyx siguió disparando, quemando cada gota de poder que este esper le había prestado, hasta que el suelo se derrumbó y la bruja cayó con él con un grito. Balaan la siguió hacia abajo, alejándose finalmente de su control.

"No está muerta", graznó Ai, aún agarrándose a su estómago herido con la mano libre. "¡Vamos!"

Nyx cogió su arma de donde había caído, y luego corrió hacia la puerta. Ninguno de ellos tiene la fuerza suficiente para correr bien, pero cojearon hacia el pasillo, pasaron por las puertas de las habitaciones y los clientes se asomaban con un terror nervioso. Nyx no podía enfadarse por su cobardía, no cuando los tres apenas se mantenían en pie.

Rodearon la parte inferior de las escaleras con una escena de destrucción peor que su dormitorio. El techo en el centro de la sala común había hecho llover trozos de madera y escombros, aplastando algunas mesas y esparciendo sillas. La propia bruja yacía en una pila rota en el centro de la habitación, con el Ojo sin párpados rodeándola. Pero su fuerza estaba agotada, y por eso la presencia del esper era más tranquilizadora que útil.

" Estáis... todos... muertos..." graznó la Madre del Aquelarre, con ícor saliendo de entre sus labios mientras hablaba. Sus carnosos tentáculos se clavaron en el suelo a su alrededor, llevándola a una posición casi de pie.

Entonces la puerta principal se abrió de golpe. Charlotte se apresuró a entrar, con un trabuco de gran tamaño agarrado en ambos brazos. Y no estaba sola: había dos hombres con ella, con las oscuras túnicas de la Mano Negra. Tenían sus propios rifles, de diseño similar.

La Madre del Aquelarre se volvió hacia ellos, mostrando sus afilados dientes. "¡Esto no es asunto vuestro! Marchaos y os perdonaré..."

Empezaron a disparar. No armas automáticas, como las que se podrían haber fabricado en la Tierra, sino terribles explosiones de polvo negro que llenaban el aire de humo y hacían zumbar los oídos de Nyx. La madre del Aquelarre no se cayó tanto como se rompió en pedazos sanguinolentos, con su cuerpo podrido descomponiéndose en fragmentos de hueso y vísceras que se esparcieron por el suelo de la posada.

Todavía se retorcía y lo que quedaba de su cuerpo luchaba por volver a tomar forma humana. Charlotte tiró su rifle a un lado, sacando un par de pistolas de percusión y avanzando hacia ella. Se acercó, ignorando los gritos agonizantes mientras disparaba a la bruja dos veces en la cabeza. Finalmente dejó de moverse.

A la mañana siguiente, se encontraban en la sala común de la posada de Charlotte. Nyx se inclinó sobre Ai, que estaba recostada encima de un par de tablas encajadas en un catre con la herida expuesta. A su alrededor había vendas y un botiquín abierto. Afortunadamente, el guardia ya no estaba, quedando sólo los compañeros de Charlotte y Nyx. Los otros clientes, como era de esperar, habían ido a buscar otros alojamientos.

" Esto va a ir en la cuenta de Arsen", declaró Charlotte, por tercera vez en pocos minutos. Tenía muebles rotos apilados cerca de la salida, para poder barrer el resto de la posada. "No existen los problemas en mi posada. Deberías haberlos dejado en la puerta".

"No queríamos hacerle daño a usted ni a su establecimiento", dijo Christopher. Se sentó en la silla junto a ellos, con la espada en el regazo y los ojos en la puerta principal. Pero hasta el momento no habían surgido más amenazas. "No deberían haber sabido que estábamos aquí. Esta ciudad es demasiado insignificante para tener espías instalados aquí. ¿Cómo pudieron enterarse?"

"Hay un espía aquí mismo", dijo Nyx, recuperando un poco de su habitual alegría. "Quédate quieto, espía. Si te mueves, te lo verteré en la piel sana. Así que a menos que quieras un nuevo y gordo tumor en tu pecho..."

Ai asintió, aunque aún le quedaban fuerzas para desafiarla. "Los clarividentes son diplomáticos, no espías."

Nyx comenzó a verterlo - allí donde el líquido de color carne tocaba, comenzaba a humear y quemarse, dejando una piel dolorosamente sellada. Ni siquiera el espía del brahmán era lo suficientemente fuerte para continuar discutiendo. Nyx no apartó la vista, ni siquiera pensó en otra cosa hasta que terminó de sellar la herida y volvió a tapar la botella. "Hecho. Pero sólo porque dejó de sangrar no significa que estés mejor. Tus entrañas no serán tan fáciles de unir si las desgarras".

"He usado Myrtle antes", murmuró, apartando a Nyx. "Pero gracias. Supongo que no todos los Middaranos son paganos sin Dios".

" Paganos impíos que salvaron vuestras vidas", refunfuñó Charlotte, dándole una palmadita tranquilizadora a la pistola en el muslo. "¿O creéis de verdad que habríais sobrevivido a esa pelea sin mí. Sin Nyx, sin que la Mano Negra nos ayudara..."

Christopher miró hacia otro lado, pero su expresión era obstinada. No había guardias -estarían patrullando el resto de Rhamsted por si acaso el culto volvía para vengarse en otro lugar. "Si Elenia se mantuviera alejada de las cosas con las que no debería meterse, este culto a la Madre Oscura no existiría, para empezar. Los demonios seguirían en el infierno, donde pertenecen".

"Porque usar magia para que los animales sean inteligentes es mucho mejor", regañó Nyx. Se movió bruscamente, colocando su frasco de Myrtle junto con los otros suministros médicos. "Mi invocación nos salvó dos veces. La Madre del Aquelarre nos habría matado mientras dormíamos".

"Y mi posada no estaría destrozada", murmuró Charlotte. "Hey Nyx, deja que te maten la próxima vez."

" ¡Creía que estabas de mi parte!"

Pero Charlotte no contestó.

Christopher lo hizo. "El argumento es mezquino. Me disculpo por dudar de la competencia de los Elenianos. Debemos estar unidos contra un enemigo común". Metió la mano en la bolsa de Nyx, algo que ella podría haber intentado detener si no estuviera ya abierta. Puso el diario y la bolsa de tela sobre la mesa entre ambos. "No sabemos cómo nos han seguido hasta aquí, pero podemos estar seguros de que vamos por el buen camino. Enviaron a tres de ellos a matarnos. Debemos estar cerca."

"Nosotros, uh..." Nyx dudó, luego tomó el sobre de tela y lo tiró por la habitación. Directo a la chimenea. Christopher se abalanzó sobre él, pero ella le cogió el brazo con una mano. "Mientras estabas fuera, los Íncubos hablaron conmigo. Me dijeron que Sandra se había estado comunicando con ellos. Creo que debe estar.... conectada a esa lengua, de alguna manera."

"Ya no", murmuró Ai. Las llamas se volvieron de un verde enfermizo durante unos segundos y luego se derritieron de nuevo en naranja. "Antes de que ninguno digáis nada, he tomado una decisión. Es obvio que necesitáis ayuda".

Quieres decir que necesitas una excusa para quedarte más tiempo en Elenia. Brahma debe estar esperando con la respiración contenida a que desestabilicemos Rhamsted lo suficiente como para invadirlo y recuperar sus tierras sin mucha resistencia. Nyx no lo discutió, sin embargo. No podía olvidar lo útil que había sido Ai en la última pelea. "Si una sola bruja es tan fuerte, no puedo imaginarme lo que nos espera en el Ziggurat. Tal vez deberías regresar".

Ai Chen agitó la cabeza una vez. "Si no voy, no podrás llegar allí. Pregunté anoche, después de que te acostaras. No podemos llegar al Ziggurat. Se supone que está fuera de alcance, sin importar cuán lejos se navegue. Bueno, ahora sabemos cómo encontrar el camino". Señaló hacia una esquina, donde el destrozado cadáver de la bruja había sido cubierto descuidadamente con una sábana ensangrentada.

"Si pueden escuchar a sus muertos, deberíamos enterrarla. O.... quemarla para que no pueda volver". Se estremeció, agarrándose brevemente del rosario alrededor de su cuello con una oración murmurada. "Nunca había visto algo tan horrible en mi vida."

"El cuerpo no." Ai se levantó repentinamente, colocando sus guanteletes sobre su hombro, y luego uniendo sus dedos para silbar. Al menos, eso es lo que parecía. No hizo ningún ruido.

Nyx observó en silencio como el aire frente a Ai se deformaba y se extendía. Por un segundo pensó que podía oír el mercado, el martillo de un herrero lejano. Luego apareció un perro delante de Ai, acurrucado con una sonrisa canina y la boca abierta.

Comparada con todas las cosas extrañas que Nyx había visto hoy, esta criatura era mundana. Pelo oscuro, garras largas, y un cuerno rosa brillante emergiendo de su cabeza. Sus ojos eran amarillos, pero la expresión en su cara canina era de puro placer por ver a alguien que le gustaba.

"Christopher, Nyx. Esta es Pocky". Cayó de rodillas, abrazando a la criatura con ambos brazos. Pocky hizo unos cuantos ruidos de ladridos excitados, pero rápidamente se quedó en silencio, su larga cola cayendo inmóvil. "¿Cómo estaba el mercado, Pocky? ¿Tuviste una buena cacería anoche? ¡Por supuesto que la tuviste!"

¿Acaso no eran tan listos como las personas? Si Nyx intentara eso con la mitad de los espers que invocaba, le quemarían la cara.

Pocky sólo la lamió enérgicamente, hasta que finalmente tuvo que apartarlo, levantándose sobre sus pies inestables. Esa herida tardaría en curarse.

"No se permiten mascotas", dijo Charlotte, pero ni siquiera levantó la vista de su escoba. "No es que me importe en este momento. Tampoco puede hacerle más daño a mi posada, en realidad".

"Tienes una mascota", dijo Christopher. Su tono era plano, pero Nyx se dio cuenta de que era una desaprobación. "¿Lo trajiste aquí?"

"No es una mascota", argumentó Ai, girándose hacia él con las manos en las caderas. El perro siguió su mirada, y Nyx pudo ver una clara comprensión en esos ojos amarillos. Tampoco aprobaba esa denominación. "Somos socios. Si Pocky no estuviera aquí, estarías jodido intentando llegar al Ziggurat".

Se giró, cruzando la habitación hacia la bruja muerta. Apartó la sábana de en medio. El olor golpeó a Nyx incluso desde el otro lado de la habitación, como si hubiera pasado una semana de descomposición en unas pocas horas. Pero no podía apartar la vista. ¿Eran ciertas las historias sobre estas criaturas?

Pocky bajó la cabeza, y su cuerno pasó de morado a blanco fantasmal. La luz parecía irradiar del cuerpo, arrastrada a lo largo de filamentos invisibles. La magia también afectó a Ai, haciéndola ponerse repentinamente rígida, sus ojos cambiando a un morado profundo. Entonces la magia se desvaneció. Ai se tambaleó, tambaleándose hacia la silla más cercana y agarrándose a ella. "Ahí. Ahora podemos.... encontrar el Ziggurat".

Christopher se puso de pie, su mano moviéndose de su rosario a su espada. "Por María y todos los santos, ¿qué acabas de hacer?"

Ai solo jadeaba, aún recuperando el aliento. Nyx se levantó, apoyando una mano sobre su hombro. "Es un Sabueso de la Urdimbre. Se teletransportan, y... capturan las almas de la gente, después de morir. Por un tiempo, al menos".

"Un día", dijo Ai. "Hasta el próximo amanecer. Por eso esperé hasta esta mañana para pedirle que viniera. Además, no podía dejar que le pasara nada". Ella se apartó hacia un lado, apoyando una mano sobre su cabeza y acariciándola afectuosamente. "No es un gran luchador, pero sigue siendo un gran compañero." Se golpeó la frente con dos dedos. "Ahora puedo ver cómo llegó aquí. Todo lo que tenemos que hacer es volver sobre sus pasos para llegar hasta el Ziggurat".


Ojos Rojos Penetrantes
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No fue fácil encontrar una aeronave dispuesta a llevarlos a través de las Islas en Ruinas. Pero, tras una buena cantidad de dinero por parte de Yun, subieron a bordo del Pontianak. Era una embarcación tosca, de aspecto inacabado, ensamblada con placas de hierro entrelazadas, con media docena de armas largas y una tripulación que Nyx sólo podía describir como "morena". Pero muy pronto dejaron atrás Rhamsted, elevándose más allá de los abruptos picos de ónix.

El Capitán Salvador se dirigió hacia ellos, con su pierna protésica rechinando ligeramente contra la cubierta. Salvador era un hombre que se adaptaba bien a su barco, con una barba roñosa y una piel bronceada y oscura. Al menos no tenía un loro. Lo que sí tenía era algo grande enrollado bajo un brazo, que extendió ante ellos en la barandilla tan pronto como los alcanzó.

"Lady Nyx", dijo. Su voz era pausada y con un fuerte acento. Pero al menos parecía que le importaba que ella pagara la cuenta. "Pensé que podríamos hablar sobre el curso que sugirió para nuestro viaje." Señaló hacia abajo el mapa, que era una carta inmensamente detallada. Las islas en ruinas estaban allí, pero también había varias sombras y colores en el resto de la carta, lo que indica flujos de aire y corrientes hostiles. La mayoría de las islas estaban marcadas en rojo o naranja oscuro, con varias notas garabateadas en los márgenes. "¿Está segura de que quiere que naveguemos hasta aquí? ¿No dijo que estaba tratando de llegar al Ziggurat, por aquí?"

Christopher parecía preocupado, pero Ai Chen habló antes de que pudiera asentir. "Estamos siguiendo un camino conocido. Sabemos que es un trayecto seguro, porque ya lo hemos visto volar". Ella sacó un trozo de carbón de su bolsillo, marcando ligeramente sobre el mapa. Siguió sobre todo las estrechas curvas entre regiones peligrosas, pero en algunos lugares cruzó el naranja. "Por aquí, capitán. El Pontianak no sufrirá ningún daño".



Salvador miró el mapa unos segundos más, trazando el camino con un dedo. Luego se encogió de hombros, enrollando el mapa. "El oro era bueno, lo reconozco. Pero como encontremos algo peligroso, ya estamos dando la vuelta. No somos una nave de guerra".

Durante unas horas hubo poco más que hacer que mirar el mar. Nyx descansaba en un pequeño camarote bajo cubierta, aprovechando las pocas oportunidades que podía tener antes de llegar al Ziggurat y enfrentarse a los peligros que conllevaba. Espero que hayamos ido lo bastante rápido, Enoch.

Se despertó unas horas más tarde, sin ninguna señal de haber sido visitada por más seguidores de la Madre Oscura mientras descansaba. Pasó por la sala de máquinas, pero entonces un tripulante empezó a gritar y se fue a cubierta.

Encontró a sus dos compañeros extranjeros mirando por el borde de la barandilla. Era fácil ver por qué: habían llegado a las Islas en Ruinas.


Nyx pasó junto a Pocky, acurrucada en una esquina cerca de las escaleras, mientras se dirigía hacia la barandilla. El Sabueso de la Urdimbre, de alguna manera, había puesto sus patas sobre la caja fuerte de Enoch y estaba tratando de abrirla con sus garras. Sin éxito, como pudo ver Nyx. Las runas que había por su superficie brillaban con la misma intensidad. Si una hechicera como Yun no pudo abrirlo, estaba claro que un perro aún menos.

Nyx le dio al perrito una palmada amistosa y luego se unió a los demás en la barandilla.

Más allá del borde del Pontianak se elevaban unas inmensas estructuras, torres de piedra, rascacielos semifundidos, vastos templos en forma de estrella. Nyx nunca había estado tan cerca, e incluso ella se quedó momentáneamente pasmada por lo que vio. Muchas de las estructuras ya habrían caído hace mucho tiempo hasta quedar en ruinas, pero extrañas vides habían crecido a su alrededor, perforando piedra y acero por igual y formando soportes vivos.

"¿Qué hizo esto?" preguntó Christopher, con una mano en su famoso rosario. Lo agarró protectoramente contra su pecho, como si pudiera alejar la muerte que había debajo. "¿Otro ritual pagano que salió mal? Alguien.... invocó lo que no debía?"

Nyx puso los ojos en blanco. "Esto es anterior a Elenia. Podría ser más viejo que Brahma por lo que se sabe. Ningún humano ha llegado tan lejos, o al menos nunca ha vuelto para contárnoslo". Mientras lo decía, la aeronave pasó por una cúpula metálica tan grande como un castillo, con la parte superior rota, con el metal deformado en ángulos extraños.

El aire sopló a su alrededor, haciendo que Nyx apretara los brazos fuertemente contra su pecho, abrazándose y deseando tener una chaqueta. El extraño viento azotó la estructura muy por debajo, y por un segundo pareció convertirse en gritos lejanos.

"Sólo espero que quienquiera que construyó todo esto no regrese. No pudimos hacer esto.... y he estado en Elenia, así que no me digas que tú podrías."

Nyx no protestó, sin embargo. "Sólo iba a decir que los humanos de la Tierra podrían hacerlo. Se parece un poco a.... una de sus ciudades". Sólo que siglos antes y en el planeta equivocado.

Christopher finalmente soltó su rosario. "A Lucía le encantaría ver esto. Podría mirar esos edificios y saber exactamente qué había pasado. Hubiera querido aterrizar, ver lo que hay ahí abajo. Estoy seguro de que lo averiguaría. Resolver tus misterios Elenianos por ti."

Antes de que Nyx pudiera objetar, Christopher metió la mano en su bolsillo, sacando un pequeño medallón de plata y abriéndolo para ella. "¿Te lo había enseñado, Nyx? Mi hermana Lucía".


Lo miró, sobre todo por cortesía. Podía ver el parecido familiar -el mismo cabello castaño, aunque sus ojos eran grandes y rosados.

"¿Ella es la misma que se unió a los Diáconos Grises?" preguntó Nyx, tan casualmente como pudo. "Estabas pendiente de saber si había conseguido entrar."

Christopher asintió. "Muchos de nosotros perdemos nuestras familias cuando venimos aquí, pero nunca fue así para nosotros. Las familias nos trajeron aquí juntos, nos enseñaron juntos. Ambos queríamos proteger a nuestro país, pero... ella siempre fue más ambiciosa. Al final, eso sólo lleva a un sitio. Ahora lleva entrenando desde.... parece que hace años."

" Entrenando en... Luaderton?" preguntó Nyx, tan casualmente como pudo. " En la frontera oeste?" Ai Chen es demasiado astuta para confirmar accidentalmente dónde se encuentran sus campos de entrenamiento secretos, pero quizás Christopher....

No hubo suerte, desafortunadamente. Ai Chen silbó fuerte, silenciando lo que sea que Christopher hubiese dicho. Lo has hecho a propósito. Antes no has hecho ningún ruido. Pocky contestó instantáneamente: no corrió, sino que apareció frente a ellos, sosteniendo la caja de seguridad en su boca.

Ai la cogió, y luego se la pasó a Nyx, aún goteando y babosa. "Pocky tiene muchas ganas de meterse ahí. Hay una magia poderosa, pero... no puede. La Madre del Aquelarre no sabía cómo abrirlo, así que no puede".

Nyx se frotó las manos contra la falda, deslizando la caja. "Yun Jeong no pudo abrirla. Llegar a donde no se debe es básicamente su especialidad". Él y Halphas tienen eso en común. Mientras lo pensaba, su familiar emergió del interior de la bolsa, deslizando alegremente sus patas alrededor de la caja de seguridad, arrastrándola hacia el interior. "No es tu tesoro, amigo", susurró ella.

Ai levantó la mano y cerró suavemente el relicario de Christopher. Habló en voz baja, pero estando tan cerca fue fácil para Nyx escucharla. "Será más fácil para Lucía hacer su trabajo si no vas enseñando su cara a los enviados reales de Elenia. A menos que quieras que esté con Dios antes de tiempo".

Agitó la cabeza, metiéndose el medallón en el bolsillo y echándole una mirada nerviosa y repentina a Nyx.

Levantó las manos, sonriendo débilmente. "Oye, sólo soy una profesora. Les enseño a los niños a no morir en Middara, eso es lo mío. Y.... de vez en cuando husmeo por ahí para ayudar de otras maneras. Si tu hermana no anda por ahí asesinando gente, entonces no hay razón para que yo diga nada sobre ella".

"¿Asesinato?", repitió, con la voz horrorizada. "¡Lucía nunca tomaría una vida inocente!"

Antes de que Nyx pudiera responder, Pocky los interrumpió, ladrando con fuerza. Ai le miró a los ojos durante un segundo, luego se giró y corrió hacia el timón.

"¡Capitán! ¡Capitán Salvador, hemos llegado!" Señaló justo enfrente, donde una isla como una espiga de roca estéril surgía del océano. "¡Aterriza allí!"

El Pontianak no aterrizó, exactamente, no había muelle para hacerlo. A las órdenes de Salvador, la tripulación tiró por la borda un ancla dentada, arrastrando una larga y gruesa cadena que chisporroteó y crujió durante todo el trayecto. Luego aterrizó, y señaló por la borda. "Ahí la escalera. Puedes trepar. Pero no quiero acercarme con mi nave. Si está maldito.... puedes quedar maldita. Nosotros no."

Siguió el ancla hasta el fondo, examinando el terreno de abajo. Aquello que ella había tomado por una espiral natural de piedra viéndolo desde arriba, era en realidad otra estructura, desgastada y casi lisa por fuera. Pero ahora que miraba, podía ver algunas aberturas irregulares que consideraba ventanas y piedras rasgadas que alguna vez podrían haber sido balcones, antes de que se derrumbaran. Cerca del ancla se vislumbraba una oscura cavidad, y la luz del sol no penetraba para iluminar lo que había dentro.

Nyx se rió, ajustándose la mochila para tomar el vuelo. Estaba deseando volar un poco desde que despegaron. El Pontianak era un poco lento para su gusto. "Supongo que al final podrás explorar las ruinas, español. Puedes contarle a tu hermana lo que encuentres".

Asintió con la cabeza. "Le encontraré un souvenir. Una cabeza de bruja muerta, tal vez, o un trozo de algún otro pagano después de que lo destroce". Se movió para escalar el borde, no intimidado por la altura.

Ai apoyó una mano en el hombro de Christopher. "Estaré justo detrás de ti. Y Pocky... bueno, él bajará a velocidad urdimbre, perro con suerte". El animal le sonrió en respuesta, pero en silencio.

Nyx vio cómo Christopher se elevaba por encima del borde y luego bajaba por la larga cadena que conducía al cielo azul vacío.

"¿Eres la siguiente, Nyx?"

Ella extendió sus alas como respuesta. "Voy a planear. Adelante, trataré de atraparte si te caes. Yo... quizá pueda llevar a alguien desde esta altura. Aunque mejor.... ¿intentamos que no haga falta hacerlo?"

"Que sea rápido", dijo Salvador, señalando por encima de su hombro. El viento que los había seguido todo este camino llevaba nubes oscuras en el horizonte, acercándose a cada minuto. "La primera regla para navegar por las Islas en Ruinas es no quedar atrapado en una tormenta. Sin puertos, no hay refugio".

Nyx asintió con la cabeza y luego se fue. Las corrientes aquí eran salvajes y hostiles, y trataban de alejarla violentamente de la isla. Nyx se inclinó hacia abajo en un picado, usando su peso para luchar contra la corriente. Voló con todas sus fuerzas, pero aún así apenas esquivó el agua, derrapando hasta detenerse en la playa de arena negra. Se apresuró a adelantarse a las olas, hasta donde los demás miraban.

Cuando se veía desde abajo, la masa de hierro del Pontianak parecía más una mosca zumbando por encima de esta antigua estructura, que una amenaza real para ella. Sólo quedan las tres hermanas. Puede que no sean un problema.

"¿Adónde vas?" Preguntó Ai, intentando agarrar su brazo mientras pasaba.

Nyx fue demasiado rápida, se alejó. "¿No es aquí donde..."

Ai agitó la cabeza, señalando hacia un estrecho sendero que rodeaba las ruinas. No a la antigua piedra, sino a las palmeras que se mecían, y a las llamadas lejanas de los pájaros tropicales. "Ella no entró. Nosotros tampoco deberíamos".

Nyx se detuvo bruscamente, suspirando aliviada. "Es la primera buena noticia que oigo hoy." Aún así, no pudo evitar echar un vistazo cuando pasaron. Extrañas formas de vidrio se elevaban en el interior, que Nyx habría jurado que se movían cuando miró hacia otro lado. Pero si había algo dentro, no los seguía.

Ni siquiera se había dado cuenta de la densa jungla que rodeaba el edificio, no hasta que entraron en la inmensa sombra de las ruinas.

"¿Qué crees que hacía aquí la bruja?" preguntó Christopher, mientras seguían un estrecho sendero a través de densos arbustos tropicales. Las hojas se replegaban al tocarlas, deslizándose lentamente solo cuando su grupo ya había pasado. "¿Por qué parar en esta isla en particular?"

"Es una cerradura mágica", sugirió Nyx. "O lo es el camino. Cuanto más complejo sea, más segura será la cerradura. Si fuera demasiado fácil, los barcos podrían llegar al Ziggurat por accidente". Se limpió la frente, sacudiendo el sudor que se le acumulaba. Cuanto más espesa era la jungla que los rodeaba, más denso se hacía el aire.

En un momento dado, una forma se elevó por encima de los árboles más altos - no tanto como el enorme punto de referencia de la estructura que había detrás de ellos, pero más alta que cualquiera de los árboles de la jungla. Un arco de piedra, en un gran patio. Lejos de la torre central, esta estructura parecía casi intacta. Unos pilares de mármol blanco lo sostenían por los lados, con una gigantesca cúpula de cristal en la parte superior que proyectaba una sombra multicolor. Una cúpula de jardín techada, con puertas anchas y acogedoras. Un arroyo gorgoteaba desde algún lugar en su interior, y un pájaro tropical cantaba enérgicamente.

Detrás de ellos, Pocky gruñó por lo bajo. Sólo por un segundo, lo suficiente para que todos ellos lo oyeran. Ai ni siquiera dudó, sacando los guantes de su mochila. Frenó drásticamente, arrastrándose a través de la puerta. Nyx tocó su arma envainada una vez para tranquilizarla, pero no la desenvainó. Los espers que invocaba eran mucho más peligrosos de lo que Nyx era capaz de manejar.

Christopher ignoró toda sutileza, desenvainando su gigantesca espada con ambas manos y atravesando la puerta, pasando a Ai Chen y yendo directamente hacia la fuente de gran tamaño en el centro.

Nyx le siguió, aunque se detuvo rápidamente. La ilusión se desgastaba un poco más a cada paso. Unos pocos pilares de mármol se derrumbaron y se cubrieron de vegetación, aunque sólo una parte del techo en el que se apoyaban se derrumbó. Fragmentos de vidrio triturados a través de delicados árboles y flores, y todo se tornó marrón en una ola de muerte que sólo dejó restos esqueléticos. Lo que ella había tomado como cómodos bancos y estatuas a lo largo de un paseo por el jardín se transformó en formas mucho más simples, aunque muchas se desmoronaron como todo lo demás.

Eran tumbas, aunque la escritura tallada en la antigua piedra se desvaneció y se marchitó hasta que se volvió ininteligible.

Nyx miró hacia arriba, hacia un techo de vidrio roto y partes de piedra que aún tenían varias secciones intactas, mientras que otras se habían derrumbado para hacerse añicos contra el suelo. Si esas cosas se caen mientras estamos nosotros aquí, nos cortarán en pedazos.

"No puedo decirte cuánto tiempo hace que no tengo visitas del exterior", dijo una voz.

Nyx se giró, pero el locutor no se estaba escondiendo. Ella descansaba en los brazos de un monumento particularmente impresionante, asombrosamente parecido a un ángel. Del tipo que te asesinaba si intentabas volver a la Tierra después de tu Progresión. La cabeza se había desgastado hasta quedar en nada, pero el resto de sus rasgos eran bastante obvios. Nyx había visto suficientes de esos monstruos para lo que le quedaba de vida.

Había poco que ver en su rostro, más allá de un par de ojos llamativamente rojos, emergiendo de una fina tela y sin apartar la vista de Nyx. Llevaba solo un trapo de tela roja, envuelto extrañamente alrededor de su pálido cuerpo. Cada centímetro de piel que Nyx podía ver estaba cubierto de cicatrices, algunas arcanas, otras como si todavía estuvieran sangrando. Su pelo se movía salvajemente en el aire detrás de ella, como si estuviera sumergida en un océano invisible. "Muy bien, chicos, saludemos a nuestros visitantes. Sed educados".

Unas figuras surgieron de la oscuridad detrás de ella, apareciendo de entre los monumentos caídos o saliendo de escondites dentro de las plantas de junco. Eran media docena de Íncubos, cada uno de ellos sin camisa y perfectos. Nyx apenas podía distinguirlos, no habría sabido si uno de ellos era el Feros fugado. Flanquearon el claro, rodeándolos lentamente para evitar que escaparan.

Pocky gruñó y Nyx preparó sus hechizos, pero no le gustaba su pronóstico contra tantos.

"Estamos aquí por las hermanas Ortiz", exigió Christopher. "Sabemos que aún están vivas. Que.... Silvia las secuestró."

"Secuestradas". La bruja salió despedida del monumento, aterrizando con una gracia sinuosa junto a otra tumba caída. No había ningún tentáculo de carne ni ningún otro tipo de magia que Nyx pudiera sentir. Algunos de los Íncubos se rieron. "La Madre Oscura los llamó a la celebración. Todo el mundo responde, tarde o temprano."

Es más humana que la última. Eso podría ser bueno: los humanos podían matarse con más facilidad que los extraños demonios que podían cosechar las almas de sus compañeros. Si puede hacer eso, tendremos que matarla siete veces. " Les obligaron", dijo Nyx. "Tengo a un chico en el hospital al que también le pusiste una marca. Estamos aquí para.... exigir que liberes a las hermanas Ortiz, y quites tu maldición de Enoch. "¡Ahora mismo!"

Volvieron a reírse, la bruja tan ruidosamente que se desprendieron fragmentos de piedra rota y vidrio sobre ellos. Nyx levantó la vista, buscando cualquier signo de derrumbamiento. No vio ninguno.

Finalmente uno de los Íncubos se acercó más a ella, su voz educada, deferente. "Girtiya, creo que van en serio."

Se deslizó hacia Nyx, arrastrando sus piernas detrás de ella en el suelo. "La llegada del marcado es algo sagrado, no es para que se burlen de ello los extraños. Un niño. Blasfemia. Completamente imposible." Se cruzó de brazos. "No es lo que Silvia les hizo a las hermanas Ortiz lo que debería preocuparos, intrusos. Temed cuanto me han hecho. No seré tan amable con vosotros, si habéis venido a violar este lugar sagrado".

"Entonces, ¿tú eres el portero?" preguntó Ai. Ella estaba de espaldas a Nyx, observando al grupo de Íncubos que los rodeaban. Aún no parecían armados -por lo que Nyx sabía, sus rasgos musculares podrían ser parte de la mentira. Podría ser todo putrefacción y debilidad por dentro. "¿Podríamos convencerte de que nos dejes entrar?"

Girtiya asintió bruscamente, poniéndose de espaldas sobre sus piernas y rodeándolas. Se acercó mucho más que cualquiera de sus sirvientes, lo suficientemente cerca como para atacar. Pero ella también estaba desarmada, y hasta ahora no había usado ningún hechizo. "Nuestro aquelarre tiene reglas sagradas, reglas que juré respetar cuando Silvia me volvió a recomponer. A todos los que quieran postrarse ante la Madre Oscura se les permite la entrada, con una ofrenda".

Sus ojos pasaron por todos ellos, moviéndose desde el sombrero de Ai hasta el relicario de Christopher, y luego hasta la bolsa de Nyx. " Sois afortunados, habéis traído objetos de valor ante mí".

Ella hizo un gesto, y la bolsa de Nyx se desabrochó sola. Su violín se elevó en el aire, levantado por un tenue resplandor púrpura. No fue sólo ella, tampoco. El relicario de Christopher se le salió del bolsillo antes de que lo atrapara, envolviendo con fuerza sus dedos alrededor de la cadena. El sombrero de Ai se levantó de su cabeza, flotando fuera de su alcance.

"Veo el conjunto de razones que os conectan con estos objetos. Son... suficientes ofrendas para la Madre. Ella lo acepta todo en su seno. Ven, únete a la celebración. Olvida tus preocupaciones, y conoce la felicidad como sólo ella puede ofrecértela.

" De ninguna manera," dijo Christopher, tirando de la cadena en el aire y entre sus dedos. "No hemos venido a unirnos a tu culto, sino a derrocarlo. Tu diosa es una abominación que Dios nos envió a destruir".

Ai le tiró del brazo, su voz un duro susurro. "No tenemos que unirnos a ellos. ¿Quieres entrar o no? Puedes conseguir una nueva foto de Lucía. Y Nyx... No sé qué es eso. Pero no puede ser tan importante".

Nyx dudó, mirando el violín. Después de todos estos años, y ahora tenía algo de sus padres que le habían devuelto. ¿Estaba dispuesta a dejarlo? Todos los ojos estaban puestos en ella, ella era el voto decisivo.

La Bruja Girtiya te pide que sacrifiques el Etched Violin of Amdusias, Ai’s Sentient Silly Hat y el Christophers Sentimental Locket. Esto asegurará que consigas entrar en el Zigurat ileso. (Quitando el violín de la Promo Box)


O…

Arriésgate a algo más grande y lucha contra Girtiya, quedándote con el medallón de Christopher Amaya y el sombrero Silly Sentient de Ai Chen. (añadiéndolos a la Promo Box)




No Sufras
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No se sabe qué podrá hacernos si pone sus manos en los objetos que están conectados a nosotros. No parece que necesite ninguna de nuestras mierdas. Nyx agitó la cabeza con confianza. "No me gustan esos términos. Ahora, uh.... ¿qué tal si te apartas de mi camino. "Hemos matado a uno de los vuestros, podemos deteneros también si es necesario."

Sus objetos perdieron casi toda su magia. Nyx cogió el suyo con cuidado, apartándolo antes de que se pudiera dañar algo tan importante para ella.

"No te creo." Girtiya retrocedió unos pasos, con una expresión oscura. Empezó a dar vueltas como un depredador, con ambas manos extendidas en forma de garras. Pero no se tambaleó hacia adelante para atacar de inmediato. "Compartimos la sangre de una diosa. Su latido nos trae la revelación. Las leyes que te limitan no pueden contenernos." Luego se detuvo, con sus ojos fijos en Pocky. Se ensancharon repentinamente y retrocedió como si la hubieran golpeado. "Llevan el espíritu de Katya con ellos", dijo ella, con una voz autoritaria. "Debemos matar al animal y liberarla".

"Ella se unirá con la Madre", dijo el más cercano de sus sirvientes, su voz intensa. Varios otros susurraron tras él, repitiéndolo. "Con la Madre".

" ¡Sois unos necios, intrusos! ¡Estáis renunciando a una vida de felicidad en presencia de la Madre! Sus placeres os enseñarán a conoceros a vosotros mismos, como me enseñaron a mí. ¡Sacrificáis vuestras vidas por nada! Escuchad, sé que podéis oírlo. ¡Sentid cómo os abraza!"

Christopher se giró hacia un lado, colocando la parte plana de su inmensa espada contra su hombro. " No permitiré que una bruja viva".

Girtiya se rió alocadamente, levantando los brazos. El espacio a su alrededor se transformó y la madera rota se fundió en la piedra destrozada. Sobre ellos se alzaba otro techo, con estanterías de madera que se desplomaban por las paredes. Había estantes cargados con armas antiguas que eran demasiado grandes para que los humanos las usaran fácilmente. "¡Han elegido la muerte! Despierta de una eternidad de hedonismo sin sentido y prueba la sangre en su lugar! ¡Protege el templo de la Madre!"

Se movieron. Muchos de esos tíos parecían inestables de pie y aún así se movieron. Pero eran fuertes, lo suficientemente fuertes como para levantar incluso armas de gran tamaño sin mucha dificultad.

Ai se enderezó el sombrero, y se quitó los guantes de uno en uno. A su lado, el cuerno de Pocky se rompió y chispeó, llenando el aire con el áspero hedor del ozono. "Espero que nos ayudes, Nyx. Muéstranos lo maravillosa que es la invocación de espers."

Nyx apretó los dientes, golpeando su bastón contra el suelo con todas sus fuerzas. No se había recuperado completamente desde el día anterior, pero no habría venido sin un poco de magia. "Algo peligroso", repitió. "Tal vez un montón de cosas." Tal vez ella pudiera igualar las probabilidades....

Dos criaturas distintas y extrañas se acercaron....

¿A quién llama Nyx para que la ayude a derrotar a la bruja?

Las Aves Carnívoras, una bandada de monstruosidades mortales parecidas a pájaros y con un gran gusto por la sangre.



 O un grupo de viles Buitres Sardónicos!





Doggo en Peligro
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Ellos vinieron. Nyx sabía que lo harían, y sin hacer nuevos tratos, sin desesperarse. Los Buitres Sardónicos venían cuando ella los llamaba y disfrutaban del pedazo de Middara que ella les pudiera ofrecer. Incluso si ese pedazo era luchar por sus vidas. Ella fue a buscarlos y ellos la escucharon y, de repente, el trato quedó sellado.

Por un momento, Nyx estuvo en otro lugar, viendo un rincón sombrío de Arkalla donde un sol furioso gobernaba sobre los huesos cristalinos de monstruos muertos. Poco crecía aquí y menos aún vivía para alimentarse de ello, pero cada vez que algo se movía, los depredadores se abalanzaban a devorarlo.

Eran exactamente el tipo de aliados que ella necesitaba, con garras que podían rasgar fácilmente la carne desprotegida, y sin temor por la sangre que pudieran derramar.

En ese momento terminó el intercambio y la visión de Nyx volvió a Middara. Allí estaban la armería y los Íncubos en su abrumadora mayoría. Al menos hasta que el primero de los buitres atravesó las vigas de piedra en ruinas, rompiendo la roca para entrar. Otro se arrastró a través de una ventana rota, ignorando las puntas de cristal que rasgaban su carne.


Varios más atravesaron la puerta tras ellos, pasándoles por encima y descendiendo sobre el Íncubo más cercaro con otro chillido. Cayó con un gorgoteo de dolor y varios de sus compañeros retrocedieron.

Nyx hizo todo lo que pudo para quedarse detrás de tantos de sus espers invocados como le fue posible, para enviar órdenes silenciosas y dirigir la batalla. La conjunción era mucho más una escuela intelectual de magia que el Crúor o la artesanía de los mariscales. Antes de la batalla se realizaban las investigaciones y las exploraciones, para encontrar espíritus que pudieran ser favorables a un acuerdo.

Pero ahora que la batalla se cernía sobre ella, su lucha era estratégica. Observaba a una docena de Buitres a la vez, dirigiendo a cada uno con un pensamiento o un grito cuando se desviaban.

Para los demás no fue así.


Christopher se acercó a la bruja, su inmensa espada agarrada con ambas manos. Era un pilar de calma mientras Íncubos y espers morían a su alrededor y él murmuraba una silenciosa oración en español. Parecía como si una luz invisible brillase sobre él desde arriba, haciéndose más brillante a cada paso. Un peto blanco y dorado se posó sobre su pecho y luego un conjunto de hombreras resplandecientes, unidas por un fino tejido de escamas de oro. El primer Íncubo que lo golpeó perdió el brazo en un chorro de una enfermiza sangre negra. El resto retrocedió, dejando que se encontrase con Girtiya cerca del centro de la rota armería.

La bruja levantó objetos al azar a su alrededor, tirando piedras destrozadas y rompiendo candelabros de hierro de las paredes, lanzándoselos al caballero como si fueran balas.

Espero que seas tan bueno en esto como dices que eres, pensó Nyx, centrándose en los demás. Estaba perdiendo espers rápidamente, esa era la desventaja de un enjambre. Aunque tres de los Íncubos habían caído antes de que el resto pudiera reaccionar, los que aún estaban en pie parecían mejores luchadores. En el momento en que tres Íncubos se abalanzaron al unísono sobre uno de los buitres invocados, ya no tuvieron ninguna oportunidad. Atravesaron el campo de batalla en grupos de dos o tres y el número de Nyx fue disminuyendo.

Estaban haciendo lo mismo con sus oponentes humanos.

Ai había dejado un rastro sangriento retrocediendo hacia una esquina, con cuatro Íncubos rodeándola. Aún no se ha curado. No puede moverse tan rápido como antes. Nyx despegó, atrayendo la atención de por lo menos dos Íncubos más mientras descendía hacia Ai.

"¡Aléjate!" Rugió Ai, soltando sus guanteletes a sus pies. Sus brazos se aceleraron de nuevo, borrosos mientras sacaba unas dagas espinosas aparentemente de la nada en el aire, lanzando cada una de ellas antes de alcanzar la siguiente y lanzándolas a su vez.

Nyx aterrizó en cuclillas a su lado, justo cuando dos de los Íncubos caían. Dos más se retiraron juntos, de vuelta hacia su señora en el centro de la habitación.

"Estás sangrando", se dio cuenta Nyx, sus ojos abriéndose de par en par al ver el rojo que se extendía desde el vientre de Ai. Había recibido otro golpe allí, desgarrando el improvisado vendaje de Nyx. Ai se desplomó de lado y Nyx la atrapó contra el bastón.

"No me digas." Ai usó un brazo, presionando la herida para cerrarla. "¿Te queda algo de zumo para más invocaciones? Christopher también nos necesita".

Nyx inspeccionó el campo de batalla. Habían matado o incapacitado a más de la mitad de los sirvientes Íncubos. Pero había más acercándose a ella y luchando contra Christopher.

La armadura invocada del español había recibido una paliza. Mientras miraba, Girtiya le golpeó con un estante de madera podrida desde un lado, haciéndolo estallar en astillas. Se mantuvo firme, tambaleándose durante unos segundos y casi cayendo. Entonces su armadura se reparó -y ella lo sospechó, al igual que la persona que estaba debajo. "¡El arcángel pelea a mi lado, bruja!", rugió. "¿Qué pueden hacer los demonios y los dioses falsos contra el poder de Michael?"

Nyx no podía curar mágicamente las heridas de Ai, o lo hubiera hecho la noche anterior. Pero había algo más que podía hacer. "Quédate quieta". Apuntó con su bastón a uno de los Íncubos, justo cuando éste lanzaba su hacha de fuego contra el último de los buitres invocados por Nyx. La niebla se acumuló en sus pies, luego se levantó y se conectó a él. Él no se dio cuenta, pero Nyx pudo sentirlo. Se había vinculado a él y éste miró hacia arriba, volviéndose hacia ella y hacia Ai.

Junto con su compañero, bloquearon el camino a Christopher, que luchaba más desesperadamente a cada segundo.

"¿Se suponía que eso iba a hacer algo?" preguntó, riendo en su voz. "Deberías haberte unido a nosotros en vez de eso. La Madre te hubiera dado un poder que yo nunca podría saborear". Empezaron a avanzar.


Nyx agarró su bastón un poco más fuerte, colocando su otra mano sobre el hombro de Ai. "¿Quieres decir algo como esto?" El Robo de Almas de Nyx no podía traer de vuelta ningún cadáver cortado en pedazos, pero no tenía que hacerlo. Ai aún estaba viva.

El Íncubo se congeló, dejando caer su hacha. Gritó mientras su vientre se abría en un chorro de sangre, cayendo débilmente al suelo. "¡No puedes!", dijo con voz ronca, mirando a ambas. La herida de Ai se cerró de nuevo, aunque su propia sangre seguía manchando su ropa y su piel aún estaba pálida.

"¿No pudiste hacer eso anoche?" Preguntó Ai, recuperando sus guanteletes. Sin su compañero, el Íncubo no se resistió tanto. Ai lo acuchilló y él la paró, pero era demasiado lento. Pronto cayó sangrando, uniéndose al otro en el suelo. "El mirto es mucho peor que esto."

"¿Y a quién iba a dárselo?" preguntó Nyx enfadada. Pero no había tiempo para discutir sobre tonterías: Cristopher las necesitaba.

Nyx despegó de nuevo, volando hacia el caballero asediado. Dos de sus compañeros Íncubos habían sido "cosechados" durante la lucha, pero la propia Girtiya parecía intacta. Su aspecto humano también era mucho más robusto: no había dejado que Christopher la golpeara hasta convertirse en una masa carnosa que ser vapuleada. Pocky también parecía intacto, merodeando alrededor de la pelea. Se mantenía alejado de los demás, saltando a otra parte de la habitación cada vez que el enemigo se acercaba demasiado.

Pero sólo quedaban unos pocos Íncubos, demasiado heridos para seguir luchando.

Gruesas cadenas de metal surgieron rompiendo la tierra alrededor de las botas blindadas de Christopher, envolviéndose gruesamente alrededor de sus brazos y tirando de él hasta las rodillas. Dejó caer su espada con un fuerte golpe, tirando de ellas e intentando ponerse en pie. La bruja ni siquiera sudó. Sus dedos se movían por el aire en salvajes y discordantes patrones, dejando un rastro de símbolos flotantes a su alrededor. Eran tan gruesos que Nyx apenas podía verla.

"Me pareció gracioso en su momento. Subir hasta aquí. Voló directa a la puerta, el marcado uno es un niño. Metió un alma en su perro. Ya no es tan gracioso". Miró a su alrededor, a los cadáveres y a los cuerpos en ruinas de los Íncubos. "No son fáciles de reemplazar. Tal vez quieras ocupar su lugar, paladín".

"¡No le temo a la muerte, bruja! Mis padres me están esperando. ¿Quién te espera en el infierno?" Se rió, pero luego ella tiró de las cadenas, haciendo que su risa se convirtiera en un grito. 

Nyx le alcanzó entonces, moviendo su bastón hacia delante en un simple hechizo de limpieza. En lugar de despedazar a Christopher, las cadenas que lo rodeaban se disolvieron en humo y sus extremos de metal pesado se estrellaron contra las paredes y se replegaron con una fuerza repentina.

Christopher se estremeció y luego su armadura rota volvió a ponerse en su sitio, brillando casi tan intensamente como antes. Tomó la mano que le ofrecía y luego se levantó.

Mientras ella ayudaba al español, Ai Chen corrió hacia ella en un borroso movimiento, ignorándoles y yendo directamente a por la bruja. De repente, los dos estaban borrosos, disolviendo la nube de símbolos blancos mucho más rápido de lo que Nyx podía seguir. Nyx apretó su bastón con la esperanza de que se quedara quieta el tiempo suficiente para que ella pudiera dispararle el tiro de gracia.

Veía el destello de los guanteletes de Ai, una rociada ocasional de sangre. Entonces, igual de rápido que empezaron a pelear, se quedaron inmóviles. Nyx se quedó horrorizada al ver el por qué -Girtiya sostenía a Ai salvajemente por el pelo con una mano y mantenía una daga contra su cuello con la otra. La bruja estaba ensangrentada, aunque las heridas que Ai le había infligido no eran suficientes para incapacitarla. "¡Basta!", gritó la bruja. "Un paso más, y tu amiga está muerta! ¿Querías ver el Ziggurat? Bien. ¡Abre la puerta con sangre!"


"¿Qué tal un intercambio?" Nyx colocó una mano en el hombro de Christopher, deteniéndolo. "¿Qué tal si sueltas a nuestra amiga y te dejamos vivir? Me parece justo."

"Más de lo que se merece", escupió. "Es demasiado peligrosa para dejarla vivir, Nyx. Llevará el sufrimiento a donde quiera que vaya. Su pecado impregna la tierra dondequiera que esté".

Girtiya sólo se rió, clavando la daga en el cuello de Ai. La sangre brotaba de la punta. Los ojos de Ai se abrieron de par en par y suplicaron, posándose sobre Nyx. " Ya no hay lugar para la confianza. Obedezco las leyes del aquelarre -sagradas, juramentadas. ¿Qué juramentos mantienes tú? Tu paladín rezuma hipocresía. Y tú..." Sus ojos se fijaron en Nyx. "Eres peor. No tan lejos de una hermana. ¿La verdadera razón por la que estás aquí, tal vez? Estos otros son una ofrenda". Sus ojos estaban muy abiertos y desenfocados. La magia surgió a su alrededor, pero no parecía estar apuntando a nada. Dejó una docena de runas brillantes en el aire, no deletreando nada y aparentemente no sirviendo para nada.

Ha perdido la cabeza por completo. No podemos razonar con ella. Nyx no tenía ningún hechizo, o al menos nada que pudiera incapacitar a una bruja antes de que le cortara el cuello a Ai.

Entonces Pocky apareció frente a ella. Sus brillantes ojos amarillos se fijaron en la bruja, aparentemente sin miedo a estar tan cerca.

"¡Pocky, no!" Ai seguía enfrentándose a la muerte, pero ahora su rostro estaba blanco de dolor. Un brazo se movió hacia el perro, mientras su movimiento dejaba que la daga se clavase más profundamente. "¡Corre!"

Pocky no huyó. No podía hablar, se quedó ahí parado, mirando a los ojos de la bruja. De alguna manera, eso parecía una comunicación más efectiva que todo lo que le habían dicho hasta ahora.

"Era tu vida lo que el aquelarre exige", declaró Girtiya. Ella tiró de Ai por el pelo, hasta que finalmente dejó de retorcerse. " No es tu amo. ¿Tu vida por la de ella?"

"O podrías morir", dijo Christopher. "¡Si lastimas a alguno de ellos, no te irás de aquí! ¡Ya te mereces algo peor que la muerte!"

Nyx se tambaleó sobre sus pies, se agarró a su bastón, inclinándose hacia delante mientras una extraña magia la rodeaba. ¿Algún ataque inteligente de la bruja? ¿Estaba lanzando otro hechizo después de todo?

Le tomó sólo unos segundos más darse cuenta de lo que estaba sucediendo y otra figura canina caminó a su lado, observando. Nadie más se movió -Christopher no miró hacia arriba, ni siquiera la bruja loca lo vio. Lymn se sentó en sus caderas y cuando habló fue con plácida serenidad. "No debes retroceder ahora, Nyx. ¿Lo notas?"

Agitó la cabeza, sin mirar al extraño espíritu. No es un esper, ahora estaba segura de ello. Podía llegar sin que Nyx la llamara, sin usar su propia conexión con Middara para manifestarse.

"Ha comenzado un terrible ritual. Deshace el tejido de vuestra realidad, ensanchando la red hasta que algo de afuera pueda residir aquí. La Madre deshará todo lo que toque, empezando por el niño marcado".

Girtiya se sacudió repentinamente, empujando a Ai contra el suelo y agarrando a Pocky por el cuello con el mismo movimiento. Unas delgadas cadenas aparecieron de la nada, atándolo. Nyx podía sentir la atadura incluso desde aquí, no se escaparía.



Ai volvió a chillar, arrastrándose hacia ellos. "¡Pocky, no!" No llegó a ningún lado. Girtiya hizo un gesto y otra gruesa cadena surgió del suelo, envolviéndose alrededor de sus tobillos y atándola allí.

"¡Espera!" Llamó Nyx, su voz tan repentina y urgente que todos se quedaron paralizados, mirándola. "Todo lo que dijiste sobre el Marcado", empezó ella, agachándose hacia su mochila. " ¿Cuán importante es ella realmente?"

Girtiya se detuvo, mirando a Nyx a los ojos.

Christopher no lo hizo. Se adelantó repentinamente, sin contenerse ahora que la vida de Ai no estaba en peligro inmediato.

La bruja no tuvo que pelear con Pocky como lo hizo con Ai: hizo un gesto con su mano libre y aparecieron cadenas más gruesas que arrastraron a Christopher hasta las rodillas. Rugió con vacía frustración, golpeándolas con su impotente espada.


"No hay acontecimiento más esperado", declaró Girtiya. "Quien la descubra será un héroe célebre en nuestra hermandad hasta el fin de los tiempos. Probablemente debería mataros a todos por mentir sobre algo tan sagrado, pero..." Volvió a mirar a su alrededor. "Creo que esta última vida será suficiente."

"¿Y si tuviera pruebas?" Preguntó Nyx, metiendo la mano dentro. "¿Y si te lo diera? ¿Nos dejarías entrar en el Ziggurat y dejarías al perro en paz?"


"¡No!" Lymn era sólo una aparición, pero su único ojo rojo se fijó en Nyx, de repente muy intenso. "Fue una locura traer ese objeto aquí. No se lo devuelvas, no importa el precio que pidan".

"Por favor..." Susurró Ai otra vez. Había dejado de luchar, de agarrarse a las cadenas, de estirarse hacia Pocky. "Cualquier cosa menos él."

Nyx apoyó una mano en el metal liso de la caja de seguridad, sintiendo cómo la mirada de Girtiya se posaba sobre ella intensamente. Era la decisión que ella debía tomar.

Nyx podría renunciar a la caja de seguridad y a todo lo que contenía, salvando la vida de Pocky, ganándose su amistad y, con suerte, obteniendo acceso al Ziggurat.



O...
 
Dejar que Pocky sacrificara su vida para entrar en el Ziggurat, manteniendo la caja de seguridad alejada de los seguidores de la Madre.


« Última modificación: Julio 21, 2019, 09:52:00 pm por kokuoh »
 

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« Respuesta #17 en: Julio 21, 2019, 09:52:36 pm »
Rituales Profanos
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Entregar la caja de seguridad fue probablemente un error y Nyx lo sabía. Pero dejar que el perro de Ai se ofreciera voluntario para morir así, le partió el corazón.

Nyx miró hacia atrás, buscando la silueta del lobo ciego. Lymn seguía allí, mirando con ese ojo etéreo. ¿Estaba molesta porque Nyx la había desobedecido, o era una aprobación lo que veía en su cara? No le dio a Nyx la oportunidad de preguntar, mientras su ilusión se disolvía. Nyx suspiró y luego levantó la caja de seguridad por su mango de metal desgastado.

"¡Girtiya!" gritó NYx, su voz resonando en el techo en ruinas. Giró la caja, dejando que la bruja viera lo que tenía. "Libera al perro y es tuyo."


Los ojos de Girtiya se abrieron repentinamente mirando la caja, casi sin fijarse en el perro. Por un momento no hizo ruido. Nyx ignoró los insultos de Christopher, ignoró las súplicas de Ai. Ella simplemente se acercó con la caja sostenida con cuidado frente a ella.

"La marca..." Murmuró Girtiya, asombrada. Pero no soltó a Pocky y sus cadenas no soltaron a los demás. Sólo Nyx era libre de acercarse. "¿Dónde lo encontraste?"

"En la habitación de un recién llegado", dijo simplemente. "Están marcados también, el mismo símbolo. No pudimos deshacernos de él ni con la mejor magia curativa de Elenia".

Girtiya extendió su otra mano, la misma que había usado para invocar las cadenas. "Mío".


"¡No puedes hacerlo!" gritó Christopher, cayendo impotente al suelo. Su espada debía estar encantada para poder soportar los golpes que acababa de darle, pero las cadenas eran más fuertes. "No sabes lo que hará. Lo que sea que haya ahí.... ¡podría ser lo que necesitan para llamar a su demonio!"

"No lo es", susurró Nyx, aunque sabía que Girtiya lo escucharía. "Ese ritual ya había empezado. No vamos a acabar con el mundo por renunciar a esto". No tenemos ni idea de a qué renunciamos. Ni siquiera podemos abrir esta maldita cosa.

"¿Qué va a hacer?" Repitió Girtiya, su voz burlándose. "Mostrárselo a los que me trajeron de vuelta. ¡Comprar mi libertad! Pagar la deuda. Eso es lo que haré".

"Pero, ¿tenemos un pasaje seguro?" Preguntó Nyx. "Juraste que nos dejarías ir. Incluyendo al Sabueso de la Urdimbre".

"¡Oh, sí! Incluso al perro". Se inclinó hacia delante, su voz desesperada. "Libre para entrar como invitados de honor. Mientras no interfiráis con los ritos sagrados, estaréis a salvo. Héroes, incluso. Bienvenidos a nuestros lugares más sagrados. Incluso ese..." Se calló, mirando de reojo a Christopher. "Hombre".

Nyx le dio la caja de seguridad. Girtiya soltó rápidamente su daga, tirándola a un lado y acunando la caja contra su pecho como a un amante. Se retiró, tarareando algo. ¿Un hechizo, tal vez? Las cadenas a su alrededor se disolvieron y Nyx estaba allí para coger a Christopher por el hombro, susurrándole amenazantemente al oído. "Ni se te ocurra."

La apartó, poniéndose de pie de nuevo y golpeando despectivamente su espada contra su vaina. "Sé que no es extraño para ti, Eleniana. Pero la gente civilizada no hace tratos con demonios". Se giró, mirando a la bruja. No había ido muy lejos, lo suficiente para que Nyx no pudiera ver lo que estaba haciendo con el cofre. Una combinación tal vez, una que no quería que descubrieran. Parecía estar respondiendo a ella, brillando más y más a cada segundo.

Ai se acercó, sujetándose un pequeño trozo de tela al cuello. Parecía intacta por lo demás, sólo un poco magullada. Tenía su otra mano en Pocky para apoyarse y su voz seguía temblando. "Es bueno tener principios, Christopher. Pero mi compañero no tiene que morir por tu moralidad".

Alcanzó a Nyx un segundo después y la abrazó sin dudarlo. "Hiciste lo correcto", susurró ella. "Sabía que había algunas buenas Elenianas."

Lo tomaré como un cumplido. Nyx se puso un poco tensa pero suspiró y le devolvió el abrazo. "Siempre", dijo, sonriendo al perro.

Christopher no siguió discutiendo. Aún parecía irritado cuando se separaron, con una mano sobre el pomo de su espada. "Hiciste una promesa, bruja. No olvides la otra parte."

Girtiya miró fijamente a la caja de seguridad, totalmente absorta por lo que vio allí. Nyx podía ver la luz reflejada en esos ojos, la misma tonalidad que las marcas brillantes. Lo que sea que estuviera ahí dentro tenía un resplandor mágico que podía sentirse a una docena de metros de distancia.

Tan pronto como la abrió, Girtiya la volvió a cerrar. La caja se elevó en el aire, siguiéndola a través de la habitación tal y como había movido tantas otras cosas hasta ese momento. "¡Ansioso, ansioso! Ansioso por entrar en el Ziggurat. Sentíos ansiosos por uniros a nuestra celebración, no es tan fácil morir. La Madre no perdonará la violencia contra nosotros dentro de su lugar sagrado y tampoco lo harán sus hijas".

¿Acaso le importaban sus sirvientes? Nyx estaba segura de que varios de ellos aún se movían, a pesar de sus heridas. Pero Girtiya ni siquiera miró atrás. Flotó junto a ellos a propósito, señalando la estructura en ruinas como lo había hecho varias veces antes. Trozos de piedra blanca rota se levantaron de donde habían caído, arrancando hierba y tierra. No había ni de cerca lo bastantes como para poder unirlos, pero eso no pareció importar. Tan pronto como el último trozo se colocó en su lugar, el espacio dentro de la puerta cambió. Ya no conducía a una jungla desolada.

A través de la puerta había un vasto espacio de mármol, con una espectacular estatua de vidrio de colores en el centro. " Os dije las reglas", dijo Girtiya, volviendo a coger la caja y sujetándola con fuerza en ambos brazos. " Tenéis el permiso del guardián. Todo lo que hay dentro os permitirá pasar. Si violas ese respeto..."

"Lo entendemos", dijo Ai, finalmente alejando su mano de su cuello lesionado. "Moriremos horriblemente. Esa es la amenaza, ¿verdad?"

"No es una amenaza", dijo Girtiya. "Estás en presencia de una diosa. La Madre Oscura Divina nos ha cambiado, la forma en que ella cambiará todo cuando finalmente llegue a reinar. Pero la mayoría de los que deciden entrar nunca desean salir. Escucha, escucha su voz. Olvídate de todo lo que te ha traído el miedo y encuentra una alegría sin fin".

Christopher se rió, pero al menos no prometió matar a todos los que se encontraran. Nyx aceptaría lo que pudiera conseguir.

Juntos, los cuatro pasaron por el arco y entraron en el Ziggurat.



Nyx no podía decir cómo una puerta en medio de la jungla podía conectarse a una torre a cierta distancia. Por lo que ella sabía, la estructura de la isla en la que se encontraban era una cáscara vacía y el verdadero Ziggurat podía estar a unos cien kilómetros más allá del mar.

Caminaron sobre un suelo de mármol negro, pulido tan limpiamente que las patas de Pocky se resbalaron y se deslizaron bajo él al principio. Se quejó infelizmente y luego desapareció.

Caminaron juntos hacia el centro del inmenso espacio abovedado, donde una escultura de mármol blanco se erguía sobre un zócalo dorado, de al menos seis metros de altura. Representaba una figura femenina desnuda, con siete brazos extendidos. Cada mano agarraba algo diferente, como si ofreciera los objetos a cualquier suplicante que se acercara. Una rosa de tallo largo, un pan dulce, un par de esposas. Parecía como si el escultor lo hubiera tallado todo de un solo bloque, capturando el delicado detalle de cada pétalo. Podría haber sido hermoso a su manera, si sus ojos no fueran tan grandes y sus dientes no fuesen como los de un tiburón.

Sofás y cojines de suave tela rosa rodeaban la estatua. Muchos estaban ocupados, todos ellos por jóvenes brujas, vestidas con poco más de lo que llevaba su diosa. Estaban rodeadas de sirvientes con simples vestidos blancos, hombres sin alas con bandejas de servir o aceite de masaje o cosas más lujuriosas. El humo de una docena de especies diferentes llenaba el aire, junto con la música sensual de tres músicos que actuaban cerca de la pared.


¿Los Ases Rojos actúan para una secta? Por un momento dejó de caminar completamente, mirando con total estupefacción a una banda que había visto media docena de veces en Elenia. Sin embargo, aquí estaban, como si no estuvieran rodeados de brujas asesinas en un extraño culto sexual.

"Lo sé, es asqueroso." Christopher la empujó hacia delante, señalando más allá de la estatua hacia una ancha escalera que llevaba hacia arriba. "Tenemos que pasar de ellos, vamos. Pocky nos está esperando allí, supongo que ya ha encontrado el camino".

"Deberías relajarte, Christopher", susurró Ai. Con el bajo discordante moviendo los pies y la multitud ya distraída, no parecía muy preocupada. " Quizá haya tanta gente extraña. Inseguro, desde luego. Pero para un culto demoníaco hedonista, esto es bastante convencional. Podría ser peor".

"Creo que estos son sólo sus iniciados", dijo, sonando poco convencido. "A mí no me parecen tan sucios. Probablemente estén aquí por el ritual que Nyx dijo que habían empezado". Luego se giró, mirándola a los ojos. "Nunca dijiste cómo lo supiste".

Nyx miró hacia atrás, hacia donde habían entrado por el portal. Pero Lymn ya no estaba allí de pie, ni siquiera había una puerta para mirar a través de ella, sólo una enorme puerta de acero, cerrada. "Ya lo dije antes, incluso los demonios poderosos tienen enemigos." Hace una semana, Nyx podría haber sugerido que todos ellos eran igualmente amorales, ayudando a los humanos sólo cuando coincidían sus objetivos. Pero Lymn hizo que no tuviese tan clara esa conclusión. "A veces están dispuestos a ayudar."

"Oh." Su cara se endureció y se dirigió hacia las escaleras. "Uno de tus espers entonces."

Nyx no lo corrigió. Si Lymn no se había mostrado a los demás, entonces no le correspondía a Nyx compartir nada sobre ella, a menos que no hubiera otro remedio.

Al menos Girtiya tenía razón sobre su seguridad -ninguno de los iniciados se levantó para atacarlos u ordenó a su ejército de esclavos que hiciera lo mismo. En vez de eso, su grupo llegó a las escaleras y se alejaron tan rápido como pudieron.

"Pocky todavía conserva esos recuerdos", dijo Ai. "Sabes adónde vas, ¿verdad, muchacho?"

El perro asintió con la cabeza; el gesto fue tan claro que hasta Christopher lo vio. Y querías cambiarlo por una caja. Ni de coña.

El siguiente piso de la torre era mucho más pequeño que el primero. Al menos el pasaje central estaba lleno de intrincadas pinturas. Si la galería de abajo era impactante, nada de lo que orgullosamente colgaba aquí parecía posible.

"¿Cómo explicas esto?" Preguntó Christopher, señalando hacia un gigantesco mural que anillaba el centro de la cámara. Mientras Pocky los guiaba a su alrededor, sus imágenes se volvieron más impactantes, más reales".

"Yo, uh..." Nyx levantó una ceja. "Adoran a la Madre Oscura Divina. Que otra cosa podrían hacer?"

"No, no." Parecía que estaba a punto de empezar a cortar tapices lascivos, luego suspiró y volvió a golpear torpemente la espada contra su vaina. "¿No parece importante que todo demonio y espíritu maligno esté interesado en la corrupción moral? Para mí es obvio: los enemigos de Dios quieren robarle a Sus hijos y enviar sus almas al infierno. ¿Pero cómo lo explicas? Si no son demonios, entonces..."

"No todos, Christopher", interrumpió Ai. "Hay seres más extraños. Creo que hay más cosas que los monstruos de los que te preocupas..." Señaló a una escultura cercana. Incluso en su arte, los Íncubos no eran nada más que esclavos adoradores. "Ella deja supervivientes. Atrae adoradores. Las cosas raras, las cosas alienígenas, te matan".

Hizo un gesto de desdén con la mano. "Diferentes caminos que conducen al mismo infierno." Pero luego se calló, cuando alguien rodeó la columna yendo en sentido contrario.

Una sola bruja deambulaba por el salón, vestida esta vez, a diferencia de los suplicantes de abajo. Llevaba un vestido blanco, con una abertura para sus alas de murciélago azul claro. La desconocida deambulaba entre los cuadros como cualquier visitante de una galería. Se detuvo cuando se acercaron, su sonrisa mostrando un par de colmillos. "Gran momento para venir de visita. ¿Vienen a aprender con nosotros hasta que Ella llegue?"

Nyx asintió. "Hemos aprendido mucho hasta ahora. Más de lo que nunca pensamos que haríamos. Por cierto, uh... ¿vamos por el camino correcto? Si estamos tratando de encontrar, por ejemplo... ¿quizás a la Gran Sacerdotisa? ¿Tenéis una de esas?"

"Por supuesto." La bruja asintió, señalando a Pocky. "Nunca he visto un animal aquí. Avísenme si quieren que alguien más se una a ustedes." Miró entre los tres. "Dos pisos más arriba, si es por eso que están aquí. Pero no querrán irse. Yo no lo hice." Se marchó, sin siquiera dar su nombre.

"Por supuesto que no", dijo Christopher oscuramente, tan pronto como se alejó del alcance del oído. "Ven a la torre, intercambia tu alma por un ejército de esclavos que luchan y mueren por ti."

Subieron varios pisos más, con más de lo mismo. Pasaron por vastas cocinas de comida extraña, con interminables pozos de alcohol e Íncubos escasamente vestidos para servirla.

El siguiente piso era peor, con una construcción de metal oscuro y numerosas ataduras esparcidas de un extremo al otro. Parecía que aquí era donde se entrenaba a los Íncubos, o se los castigaba quizás, aunque no se quedaron el tiempo suficiente como para averiguarlo. "Parecen desesperados", dijo Christopher, tan pronto como dejaron el piso. "Ojalá pudiéramos ayudarlos. Pero no sabemos cuánto tiempo tomará ese ritual. Puede que ya sea demasiado tarde".

"¿Cuánto tiempo más? No puedo seguir esperando aquí. Debe haber alguna razón..." una voz femenina habló en voz baja desde delante, resonando extrañamente en el espacio confinado. Nyx se detuvo cuando pasaron por una fila de celdas, cada una de ellas apenas lo suficientemente alta como para ponerse de pie. Todos estaban vacíos excepto éste, que mostraba el primer signo de una bruja maltratada en toda la torre.



Llevaba más ropa que varias brujas combinadas en los pisos inferiores, un vestido intrincado con cinturones cubiertos de abalorios de metal.

Christopher se detuvo frente a la puerta, acercándose a ella y colocando una mano sobre su espada. Se inclinó hacia adentro. "Oye, ¿necesitas ayuda? Podríamos.... probablemente hacer algo con esta jaula".

Mientras lo decía, varios Íncubos se acercaron por una puerta abierta. Sólo llevaban vestimentas simples, pero todos tenían armas. Guardias, entonces. "Oye, ¿cómo era eso de no tener suficiente tiempo para intervenir? La salvaremos cuando detengamos el ritual", siseó Nyx.

El español la ignoró y también la de adentro.

"¿Te conozco?" preguntó la mujer, con un extraño acento en la voz que Nyx no pudo ubicar.

Se quedó helado, moviendo la cabeza una vez. "Yo no... no, estoy seguro de que no. Me acordaría de alguien como tú".

"¿Qué hay de ti?", señaló fuera de la jaula, esta vez a Ai. "Debo conocerte... ¿a ti, quizás? No. Tú no. "Se incorporó, apoyando una frustrada mano sobre un costado de su cabeza. "¿Quizás no haya pasado todavía?"

Por un instante, Nyx casi pensó que la había reconocido. Ese pelo negro, esas extrañas trenzas con bucles. ¿Había visto eso antes? No, tenía que ser su imaginación. Se estaba distrayendo.

"Soy Ai Chen", dijo Ai. "Y este es Pocky. ¿Nos has visto antes?"

"Tal vez no..." La chica frunció el ceño, volviendo a sentarse en el tosco banco de madera que había dentro de su celda. "Soy Tomoe. Mi memoria es... dudosa. Pero creo que estoy aquí para salvar a uno de vosotros. A menos que ya lo haya hecho..."

Se les estaba acabando el tiempo. Los Íncubos se detuvieron a un lado de la jaula, levantando las armas. Ninguno de ellos habló, sólo se mostraban lo más imponentes que podían. Porque no se les permite hacernos daño. Hasta que interfiramos. ¿Podemos alcanzar el ritual antes de que toda esta torre intente matarnos?

"Vamos", dijo Nyx, señalando hacia otro lado. "Volveremos por ti si podemos." Asumiendo que no eres una bruja tratando de tentarnos a romper nuestra promesa.

Sus compañeros parecían reacios, especialmente el español. Al final, Nyx le tiró del brazo y se lo llevó.

"La salvaremos deteniendo el ritual", susurró, su voz apagada. "Los salvaremos a todos. Ahora que conocemos el camino a este lugar, Elenia puede enviar un ejército si es necesario. Pero no si nunca salimos de aquí".



El Ziggurat se volvía más extraño cuanto más subían y Nyx empezaba a perder la confianza en su mapa interno. No era una simple cuestión de subir todas las escaleras que podían encontrar. Había docenas de caminos diferentes que tomar, mucho más espacio del que parecía contener la torre. En un momento dado, Nyx se dio cuenta de que el hueco de la escalera había pasado a una pared sin que ella se diera cuenta.

Entonces vio lo que una bruja desconocida estaba haciendo a varios iniciados cercanos y deseó no haber mirado.

Pero no les dejaron libres para subir a la torre hasta el ritual; finalmente llegaron a una puerta cerrada. Ni siquiera Nyx podía leer la línea que había en el arco de medio punto, solo reconoció uno de los glifos. El que se quemó en el pecho de Enoch. De acuerdo, entonces quizás estemos en el camino correcto al fin y al cabo.

Pocky impidió que continuaran pasando la puerta, señalándola enfáticamente con una pata.

"¿Qué pasa, muchacho?" Preguntó Ai nerviosa. "Llegamos hasta aquí. ¿Por qué nos detenemos ahora?"

La puerta se abrió de golpe. Una figura estaba bloqueando el camino, más extraña que cualquier otra que se hubieran encontrado. Por un terrible segundo, Nyx pensó que ya era demasiado tarde, que la Madre Oscura ya había llegado.



La mujer era como un antiguo dios hindú, convocado desde la lejana Tierra. Era más alta que Christopher, con seis brazos, cada uno protegido por un brazalete diferente. Para vestir llevaba poca cosa, salvo una faja ritual y varias piezas de joyería plateada.

Pero así como todos los demás adoradores con los que se habían cruzado hasta entonces parecían locamente concentrados en una u otra tarea carnal, ésta era la viva imagen de la serenidad. Un brazo le ajustó brevemente el pelo, otro colocó una pulsera en su sitio, uno mantuvo la puerta abierta. Al menos no había traído esclavos.

"Recibí la noticia de que vendríais", dijo ella. " Los tres habéis hecho algo maravilloso al traernos el regalo de nuestra Madre. Considerando esta auspiciosa ocasión, incluso tu, uh..." Sus ojos se fijaron en Christopher, aunque sólo por un momento. "Incluso él será recordado con honor cuando la Madre llegue para reinar sobre sus hijas en la gloria."

Por una vez, ni siquiera el español tuvo nada que decir. En vez de desenvainar su espada, se agarró el rosario al cuello con su mano libre, susurrando una oración.

"Hemos venido a ver el ritual", declaró Nyx. "Tenemos derecho a ello, ¿no? "¿Por ser héroes o algo así?"

La bruja asintió una vez. "Soy Circe, suma sacerdotisa. En nombre de la Madre, os invito a uniros a nuestra sagrada celebración. Por favor, seguidme". Luego se giró, dejando que la siguieran a través de la puerta abierta. Su oscuro pelo se alzaba y seguía detrás de ella mientras caminaba, casi brillando en la escasa luz de las estrechas ventanas que había a lo largo de la planta.

La siguieron. Circe los llevó a un amplio pasillo bordeado de fragmentos de espejo a ambos lados, cada uno de los cuales reflejaba una caricatura distorsionada diferente. El vapor flotaba sobre sus pies, condensándose en el cristal y distorsionando las imágenes que reflejaba.

Sólo habían avanzado unos pocos pasos antes de que se diera cuenta de que otra figura caminaba a su lado. Lymn sólo aparecía en los reflejos, pero ella era la única imagen que no estaba distorsionada.

"Continúa siguiéndola", ordenó. "No me hables, o se dará cuenta de que estoy aquí." Nyx ni siquiera asintió, sólo siguió. Se retrasó un poco, dejando que Ai y Pocky la pasaran.



"Los hilos de tu destino se deshilachan y desenredan", dijo Lymn, su único ojo rojo fijado en la espalda de Circe retrocediendo. "Tu compañero ya está planeando atacar a este ser, como si fuera una bruja común. Si lo hace, tu misión fracasará".

No hace falta que me lo digas. Nyx miró por encima de su hombro y ciertamente Christopher ya tenía una mano envuelta alrededor de la empuñadura de su espada, mientras que la otra estaba en su collar. Nyx le miró intensamente, agitando la cabeza. El mensaje era lo suficientemente claro y no desenvainó la espada.

" Decide en este momento qué es lo que más te importa: la vida del niño o liberarte de lo que esta Suma Sacerdotisa te vaya a exigir. No creo que tu victoria contra ella sea posible. Sus poderes eclipsan los tuyos. Pero si no luchas, te verás forzada a vivir con lo que ella te haga ver".

Nyx se volvió reflexivamente para discutir y Circe se detuvo. Giró suavemente la cabeza, sus ojos fijos en el espejo. Pero de repente no había nada allí.

Nyx sonrió inocentemente. "Así que este ritual, no nos lo perderemos, ¿verdad? Tenemos muchas ganas de verlos con nuestros propios ojos".

"Eso depende de ti", contestó ella, dándose la vuelta y deteniéndose frente a una segunda puerta. Parecía la primera: una puerta metálica redonda, rodeada de símbolos y escritura encantada. Circe tarareó en silencio, tocando algunos de los símbolos con cada mano, abriéndose con un clic.

Una ola de vapor los golpeó como una pared moviéndose lentamente, pasando por la puerta detrás de ellos y añadiéndose a la nube. El suelo interior estaba hecho totalmente de piedra, rodeando un recipiente de metal tan desconcertante como cualquier otra cosa que hubieran visto hasta ahora en el Ziggurat.

Era tan grande como una pequeña piscina, hecha completamente de latón pulido. Su base representaba figuras femeninas, demoníacas y retorcidas como Katya después de que Nyx la atacara en la posada de Padric. Levantaban la palangana sobre sus hombros, mientras que sus rostros retorcidos estaban congelados en una ecléctica combinación de emociones extremas. Éxtasis, terror, alegría, odio. Cada extremo de las emociones parecía reflejarse aquí y no había dos caras iguales.

Christopher se tambaleó hacia atrás, apartándose del recipiente, cruzando su pecho con una mano. "¿Qué depravación es ésta? Que los santos nos protejan...."

Circe lo ignoró. Ni siquiera parecía molesta cuando finalmente se detuvo al lado de las escaleras de metal. "Si queréis continuar hasta la cima de la torre y presenciar la sagrada apoteosis de la Madre Oscura, primero debéis ser limpiados. Quitaos las vestiduras y empezaremos de inmediato".

"¿Eres tonto o... no. No quiero tener nada que ver con tus blasfemias". Desenvainó su espada en un suave movimiento, blandiéndola. "Toma mi vida si es necesario, pero mi alma pertenece a Dios."

Nyx hizo una mueca de dolor, apretando su bastón. Pero Circe no empezó a lanzar ningún terrible hechizo.

Sólo parecía divertida. "Por supuesto que no, invitado de honor. Eres un hombre y no podrías completar los ritos. No se te pedirá que participes. Tus compañeras, sin embargo..."

"¡No puedes!" Levantó la voz, sin siquiera mirar a Circe. "¡No puedes sacrificar tus almas!"

"¿Es eso lo que estamos haciendo?" preguntó Nyx, extendiendo la mano y poniendo una mano en el brazo de Christopher. Le empujó la espada hacia abajo, hasta que él dejó de adoptar una postura amenazante. Tenemos suerte de que no se lo tomara en serio. "¿Vamos a ser, eh... controlados mentalmente? ¿Terminar transformadas en una de tus brujas?"

La gran sacerdotisa se rió. Sonaba sincero, no a carcajadas locas ni a lamentos demenciales, como Nyx había escuchado de tantos otros en este lugar. "Las Hermanas a menudo reciben regalos de la Madre, es verdad. Pero no aquí. No hay ninguna transformación esperando en esa piscina, sólo la verdad. Puede que no quieras irte cuando el ritual haya terminado - pero algunos así lo quieren y algunos así lo hacen. La elección seguirá siendo tuya".

" Mentirosa", escupió Christopher. No volvió a levantar la espada, aunque parecía desesperado. "Ai, ¿no puedes estar considerando esto en serio? Tú no eres Eleniana. Nunca creerías en la palabra de una bruja."

La sonrisa de Circe desapareció. Ella se desdibujó, cruzando la habitación en un instante. De repente se asomó sobre Christopher, cada uno de sus brazos preparado para un gesto arcano. "El invitado de honor no volverá a cuestionar mi honestidad", dijo. "La Madre Oscura Divina no tolerará sino hasta cierto punto, incluso de aquellos que le han prestado su servicio."

Entonces le dio la espalda a Christopher, con total desprecio por la espada a unos centímetros de su espalda. "Nuestra Madre sólo nos muestra la verdad. Es por eso que muchos eligen venir y quedarse con nosotros. La civilización les muestra hermosas máscaras. Aquí, ellos ven la verdad de sí mismos. Como lo harán tus compañeras".

"Danos un momento, por favor", dijo Nyx, y luego llevó a Christopher y Ai de vuelta a la puerta. No es que esperara que eso cambiara las cosas. Circe sólo sonrió y los observó, paciente. El vapor seguía cayendo por la extraña fuente, aunque parecía bastante mundano, con el olor ligeramente salado de un manantial natural. En el sexto piso de una torre imposible. No es para tanto.

"¿Qué opinas, Ai? ¿Deberíamos hacerlo?"

Ai golpeó brevemente a Pocky en la cabeza y luego miró más allá de la fuente. "Parece el camino más rápido. Si cooperamos, podemos entrar directamente en el ritual. Eso le da a tu niño una gran oportunidad, nos da la mejor oportunidad de encontrar a las hermanas Ortiz. Pocky no sabe dónde ir más allá de este lugar. Si luchamos, estaremos solos para encontrar el ritual antes de que terminen".

"Si luchamos, probablemente moriremos", dijo Nyx, tan silenciosamente como pudo. "Yo puedo..." No podía arriesgarse a mencionar a Lymn ahora, no con una criatura como Circe escuchando. "Estoy casi segura de que no podemos lidiar con esta pelea. Apenas matamos a la primera bruja que enviaron tras nosotros. Sólo compramos la salida de la segunda. Esta es más fuerte que ambas de lejos."

"Es tu elección", admitió Christopher. "Pero te lo ruego, por favor. No arriesguéis vuestras almas por esto. Podemos derrotar a esta bruja como hemos derrotado a otros".

Si Nyx decide...

Ignora los consejos de Lymn y rehúsa realizar los Ritos de la Divinidad Oscura y lucha contra Circe, sabiendo muy bien que esto pondría en riesgo tanto la vida de Enoch como la de aquellos junto a los que lucha. Sin saber adónde ir, este enorme ziggurat podría incluso ser un impedimento para lograr encontrar la entrada al ritual para enfrentarse a las hermanas Ortiz y salvar a Enoc.

O....

Sigue el consejo de Lymn y participa en el extraño ritual de limpieza de Circe. Manteniendo a Enoch a salvo y asegurándose de continuar subiendo para asistir al ritual. Por supuesto.... Nyx y Ai Chen sufrirían consecuencias desconocidas si se les mostrara lo que la Madre Oscura Divina tenía en mente para ellos.





Mal a las Cenizas
Spoiler: mostrar
"-por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén." Christopher terminó con la señal de la cruz. Sólo entonces soltó finalmente el rosario, dejando que se acomodara contra su pecho. Escuchó por un segundo, como si la bruja Circe se incendiara en su oración y fuera quemada hasta quedar reducida a cenizas para cuando regresara.

Pero no oyó ningún grito, ningún sonido en absoluto a través de las puertas metálicas redondas. Christopher estaba al otro lado de la última puerta, la que conducía a la fuente blasfema. "¿Qué opinas, Pocky? ¿Ya se está quemando la bruja?"



El perro estaba tirado en el suelo no muy lejos, aunque no estaba al alcance de la mano. Los animales ascendidos siempre fueron inteligentes, pero Christopher estaba seguro de que éste era lo suficientemente inteligente como para resentirse con él. Tú eres el que ofreció tu vida, perro. Estaba apoyando tu decisión. Por su parte, el perro sólo le sonrió con la boca abierta. Y crees que esto es gracioso.

Se levantó, empujando contra la puerta por última vez. Pero no se movió, ni siquiera se flexionó en su estructura. Dudaba de tener mejores resultados incluso si lo hacía con una palanca. "Ya me cansé de sentarme. ¿Quieres salvar a esa chica conmigo, Pocky? Voy a volver".

El perro se levantó instantáneamente sobre sus patas, mirando cómo Christopher se alejaba por el pasillo de extraños espejos. No tardó mucho, sólo unos pasos más, antes de que Pocky se apresurara a ponerse a su altura. Al menos si me matan haciendo esto, puedes advertir a los demás.

No fue fácil volver sobre sus pasos, a pesar de que había estado observando la ruta cuidadosamente. Principalmente había estado buscando ventanas abiertas, balcones, cualquier cosa que pudieran usar para escapar del Ziggurat después de llegar a la cima y empezar a matar brujas. Desafortunadamente, no había visto ninguna. Había unas pocas ventanas en las áreas públicas, pero todas eran demasiado pequeñas para caber, o estaban reforzadas tan fuertemente que no servían como salida.

En cierto modo, la confusión alienígena del Ziggurat fue la única forma en que logró llegar a su destino. Cada nueva escultura o exhibición tenía su propio y particular toque de repugnancia. Para cuando regresó a las celdas, Christopher estaba seguro de que había visto todos los pecados mortales explorados y glorificados en detalle. Voy a ver este lugar en mis pesadillas.

El guardia de Íncubo aún estaba allí, con la misma lanza sobre su hombro. Apenas se dio cuenta de que Christopher se acercaba, sus ojos estaban fijos en la celda.

"Por favor, tienes que liberarme. Necesito salvarlos y no puedo salvar a nadie desde aquí".



Ella seguía ahí, la chica que parecía totalmente fuera de lugar en esta horrible torre. No sólo en la torre, tal y como observó Christopher al mirarla más de cerca, sino que parecía no pertenecer a Elenia en absoluto. Su vestido era extraño y largo, inspirado por ninguna moda que hubiera visto antes. Su desesperación no había cambiado: se agarró con fuerza a las barras, con los nudillos blancos.

"Silencio", dijo el Íncubo. No había nada del respeto que los esclavos mostraban a sus amas brujas. ¿Era suficiente para confirmarle que esto no era una trampa? Todavía podría ser un señuelo. Está disfrazada, esperando pruebas de que estamos rompiendo las reglas.

Pero ya no le importaba a Christopher. Había que hacer lo inteligente, y hacer lo correcto, y ahora mismo ambas cosas eran opuestas. "Hola." Mantuvo su voz baja, su arma sin desenvainar. Se detuvo justo fuera del alcance de la lanza, lo suficientemente lejos como para poder reaccionar si el guardia le atacaba.

Pero el Íncubo sólo se giró. Se enderezó, haciendo una pose cómicamente perfecta. Y bajo toda esa perfección hay un alma ya atrapada en el Infierno. "Invitado de honor", dijo, mirando más allá de Christopher. Pero lo que sea que buscaba, no lo encontró y pronto se relajó. "Me temo que no puedo ayudarle ahora mismo. Me han dado la custodia de este prisionero. Pero estoy seguro de que hay otros que pueden satisfacer sus deseos".

Como si pudiera ser tentado por demonios. Mantuvo el tono bajo, asintiendo hacia la jaula. "Veo que llevas una llave. Si me ayudas a liberarla, también podremos escapar de este lugar. Tenemos una nave esperando y el apoyo de la familia Jeong."

La cara del Íncubo se congeló y luego se rompió en carcajadas locas. Casi se le cae la lanza, sus risas eran el único sonido en la prisión vacía. Finalmente, paró. "No soy un esclavo, invitado de honor. Nadie está prisionero en esta torre. Vinimos aquí voluntariamente, desde todos los rincones de Middara. La Madre Oscura prometió aceptar nuestra ofrenda y darnos un lugar. Ella cumple sus promesas".

Christopher miró más allá de él, a través de los barrotes. La chica de adentro, Tomoe, tal y como se había llamado a sí misma, no parecía ser una invitada voluntaria. Asintió un poco hacia ella y luego se giró, con un gesto repentinamente exagerado. "Por supuesto. Perdóname, soy un extraño, incluso para Elenia. Comprender tus costumbres no ha sido fácil."

El demonio se relajó. Tal vez satisfecho porque al final no habría violencia.

Christopher se quitó el rosario del cuello. "Me pregunto... ¿aceptaría la Madre mi ofrenda?" Levantó el collar, dejando que la luz atrapara sus piedras preciosas. "Quizás podrías dársela en mi nombre."

"Por supuesto." Soltó la lanza con una mano, agarrándola en la curva de su otro brazo mientras extendía una mano. "Siempre estamos agradecidos por las ofrendas. Sería un honor para mí entregar la suya".

Christopher lanzó el collar suavemente, curvándolo entre ellos en un amplio arco.

El Íncubo lo cogió con ambas manos, los ojos muy abiertos por la codicia. Pero sus ojos se fueron ensanchando, su boca abriéndose en un grito de dolor.

Christopher empujó con fuerza su brazo contra la barbilla del demonio, silenciando su grito. El demonio se retorció y contorsionó, sus manos volviéndose blancas alrededor del collar. Si lo hubiera estado sosteniendo menos fuertemente, tal vez podría haberlo soltado. Pero no lo hizo. "Un corazón como el tuyo nunca podría tener algo tan sagrado."

El Íncubo pateó y luchó, con sus ojos ardiendo. "La madre... me protegerá... de tu encanto! Tu acto... es..." Después de unos segundos el cuerpo se desmoronó, hecho pedazos de ceniza calcárea apilándose a sus pies.

Christoper no se enteró de cuál era su acto. Y si la madre lo había protegido, no era de una manera que Christopher pudiera ver.

Metió la mano en los escombros, sacando el llavero de hierro de entre las ropas del demonio. Caminó hacia delante, intentando ignorar las miradas de Pocky.

"Si no fuera malvado, no habría muerto", le murmuró al perro. Pocky sólo desapareció, reapareciendo junto al cadáver y manoseando las cenizas.

Christopher se dio la vuelta, probando unas cuantas llaves en la cerradura antes de encontrar finalmente una que girara. Giró la puerta para abrirla y luego tiró hacia atrás, haciendo una mueca de dolor mientras el metal crujía ruidosamente.

Allí estaba la chica vestida de forma extraña, mirando con horror. Su miedo sólo creció cuando él le tiró el collar a ella, tal como lo había hecho con el demonio. No tenía espacio para apartarse, y reflexivamente levantó las manos para cubrirse la cara. Allí cogió el rosario, colgando entre sus dedos, chillando de sorpresa y miedo.

No pasó nada. Finalmente, abrió los ojos, mirándolo con sorpresa. "¿Todavía estoy aquí? Pero tu arma.... ¿cómo funciona, si no estoy muerta?"

"Detecta el mal", respondió. "¿Quieres que te rescate o no?" Dio un paso atrás, y se apartó.

La desconocida pasó sus dedos por encima de las cuentas y luego se la ofreció. "No creo que el mal sea tan simple..."

Su boca estaba abierta. Podría haber seguido mirando, pero Pocky movió su pata, señalando hacia el demonio muerto. El mensaje era claro aunque no lo dijera. No podemos quedarnos aquí. Encontrarán este cuerpo. O lo que queda de él, en todo caso.

"No sé cómo de simple o complejo es el mal", dijo Christopher. "Pero mi encantamiento dice que tú no lo eres." Extendió una mano para recoger el rosario.

Parecía ansiosa por deshacerse de él, porque prácticamente se lo tiró, limpiando su mano en la parte de atrás de una manga.

Christopher se tomó el collar y se lo puso en el cuello. Las piedras preciosas se sentían un poco calientes al tacto, pero por lo demás nada había cambiado.

Dejó que Tomoe lo adelantara y luego usó sus botas para meter lo que quedaba del demonio en la jaula.

No viene nadie, pero no se sabe cuánto tiempo nos queda hasta que cambie la guardia. "Por aquí". Señaló hacia la cima de la torre. "Mis amigas están ahí arriba. Nuestra mejor oportunidad de salir de su torre es juntos".

Tomoe le siguió, con una mano jugando con una cuenta. "No estoy.... segura de que deba dejar la torre. No he.... terminado lo que vine a hacer, aún."

"Yo tampoco", dijo, mirando hacia atrás una última vez mientras rodeaban las escaleras. Pero nadie vino. Aún tenemos algo de tiempo. "Entonces, perfecto".

Ella no discutió con él, ni siquiera hasta las puertas redondas de metal y el santuario de más allá.

Nyx y Ai Chen estaban esperando fuera de la puerta exterior, al otro lado del pasillo del espejo. Christopher se puso tenso, esperando ver un cambio demoníaco como la bruja Katya. Pero no podía ver nada diferente, sólo se preguntaba si ahora podrían tocar su rosario. Miró más allá de la puerta buscando alguna señal de la gran sacerdotisa, pero no la pudo ver por ningún lado.

Nyx se levantó mientras salían de las escaleras, mirando por encima de su hombro. Hizo un gesto de enfado a Tomoe mientras hablaba, con los ojos oscuros. "Por favor, no me digas que el Ziggurat y todas las brujas que hay dentro están a punto de caer sobre nosotros."

Pocky pasó corriendo junto a él, acomodándose junto a Ai y acariciándola. Apenas reaccionó y se puso de costado para acariciar al perro. Sus ojos eran lejanos, aunque no estaban cubiertos de una extraña magia. En cambio, era contemplativa.

"No", contestó. "No por ahora. Nadie me vio hacerlo". Nadie que siga vivo. "¿Dónde está la bruja?"

"Desapareció", susurró Ai. "Terminó con lo que tenía que hacernos". Christopher esperó a que dijera más, pero sólo miró hacia abajo.

Nyx no esperó. "Se darán cuenta de que se ha ido. ¿Quién más podría haberla rescatado?" Nyx se cruzó de brazos, la cola golpeando el aire detrás de ella en su frustración.

"Bueno, ahora sé que sigues siendo tú", dijo, sonriendo débilmente. "Tienes derecho a estar enfadada, fue una estupidez. Pero era lo correcto. Tomoe, ellos son Nyx y Ai. Chicas, Tomoe. Ahora que nos hemos presentado, ¿seguimos adelante con esto? ¿Puedes seguir.... peleando?"

Ai Chen finalmente levantó la vista, sus ojos mirándole por primera vez. "¿Estás satisfecha, Amaya? ¿Resolver un asesinato más, un secuestro más, por qué debería importar?"

Agitó la cabeza en respuesta, cayendo de rodillas junto a ella. "Ai, ¿qué te pasó?"

Compartió una mirada con Nyx y luego miró hacia otro lado incómodamente. El silencio podría haber continuado indefinidamente si no fuera por Tomoe.

"Estoy aquí para salvar a alguien", declaró. "Podría ser uno de vosotros. Podría ser otra persona, no lo recuerdo. Me llevaréis allí?"

Nyx aclaró su garganta. "Podemos llegar al ritual ahora. Ya no necesitamos andar por ahí".

"¿Hasta que vean a Tomoe y la ataquen?", preguntó, en voz alta. "No debería ponerla en peligro."

"Pues no hubieras..." Nyx se detuvo, respiró hondo, se dio la vuelta. "No la atacarán si está con nosotros. Vamos, no tenemos mucho tiempo. Ya casi han terminado".

 

Desconectado kokuoh

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« Respuesta #18 en: Agosto 01, 2019, 01:02:46 pm »
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« Respuesta #19 en: Agosto 01, 2019, 01:09:52 pm »
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Ahora solo nos falta Macu...  ;D ;D

PD: Chiste infame de las 13:09  ::)
Volando voy...

Yo lo que pasa es que soy un populista, que ahora se lleva mucho, un pagafantas, un planchabragas y un demagogo.

¡Quiero que me informen bien! ¡Pero que también me sorprendan! ¡Pero que no se retrasen!

Tú lo que quieres es un huevo kinder.
 

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« Respuesta #20 en: Agosto 01, 2019, 01:30:13 pm »
Ahora solo nos falta Macu...  ;D ;D

PD: Chiste infame de las 13:09  ::)

¡Que no escape! Lapidation time!!!
 

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« Respuesta #21 en: Agosto 01, 2019, 03:30:04 pm »
« Última modificación: Agosto 01, 2019, 03:32:10 pm por Remiel »
Si yo me como 2 pollos y tú ninguno, la estadística dirá que los 2 hemos comido.
 
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« Respuesta #22 en: Septiembre 08, 2019, 08:47:45 am »
Gracias por las traducciones chicos!!!

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